El tiempo se paró en la calle Dña. María Coronel. Otro año más, los naranjos cargados de azahar, la calle con olor a incienso. Pequeñas con caras radiantes, vestidas para un gran acontecimiento.
En el colegio, idas y venidas. Filas formadas, dignas de ver, discurren por los corredores y patios de nuestro colegio con sones de Amargura, Campanilleros, Hermanos Costaleros...
Ya en los patios del convento, las caras de las hermanas nos esperan ansiosas. Sonríen y ríen, con este cortejo tan particular, donde todo es asombroso. El silencio, el fervor, el saber estar.
Ya enfilando la calle, la Cruz de guía se pone en la puerta. Fuera, también sonrisas. Las niñas, ¡las más bonitas!, van avanzando. Los sones de las flautas, nos acompañan hasta que casi nos perdemos al final de la calle. A uno y otro lado, padres, abuelos, familiares y curiosos miran expectantes.
En la estatua de Sta. Ángela ofrenda de flores de los padres, que ponen con ellas todo el cariño a los pies de nuestra querida Madre Angelita.
Acercándonos ya al convento, se vuelven a oír marchas procesionales a son de flautas. Entran los dos pasos y todo el cortejo, que contentas, ponen rumbo a la Capilla.
Todos los que nos han acompañado en la calle, rezan un Padrenuestro con gran respeto. Las niñas, deseando cantar las canciones que hemos aprendido estos días, las entonan con fuerza. ¡Un fuerte aplauso para ellas!.
El próximo año, en vísperas de nuestra Semana Mayor, grandes y pequeños, pondremos todo nuestro entusiasmo para que podamos compartir de nuevo estos momentos.
Gracias a todos los que han hecho posible este día tan especial para todos.
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