Hay escenas que se repiten cada año, pero no por eso pierden la emoción de único y siempre nuevo.
Las caras de ilusión, que cada Navidad, vemos en nuestros pequeños y... porque no, también en cada uno de nosotros que ya no somos tan pequeños, cuando bajamos esa gran caja del altillo repleta de figuras para montar de nuevo el Belén. Pastores, ovejas, reyes, estrellas, guirnaldas y un precioso Nacimiento, que mamá guardó con cariño el año pasado y que adornarán nuestra casa en estos días.
Luces que iluminarán a María, José y al Niño.
Son escenas únicas, que merecen un espacio único.
Que cuando las luces adornen de nuevo nuestras calles y nuestra casa se adorne para otra Navidad, seamos capaces de compartir, con el que quizás este año, la suya sea distinta a otras y nuestro corazón se engalane con los mejores deseos.
Entonces, ya, será NAVIDAD.

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